¿Cómo llegar a ellos?
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¿Cómo llegar a ellos?

Defendamos y comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes

  1. 224 páginas
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¿Cómo llegar a ellos?

Defendamos y comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes

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Información del libro

Una obra que explora cómo evangelizar y cómo hacer buena Apologética en el mundo en el que nos ha tocado vivir, el mundo postmoderno. Examina tanto las principales religiones del mundo (el Islam, el Judaísmo, las Religiones Orientales, etc.), como la "religión" del ateísmo, para enseñarnos cómo podemos hablarles del evangelio de forma eficaz.

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Información

Año
2016
ISBN
9788482677606
Capítulo 1
Empecemos donde está la gente
Alister McGrath
En esta última generación está teniendo lugar uno de los mayores cambios en la historia de la Iglesia de occidente. No hace tanto tiempo que las iglesias se veían a sí mismas como poseedoras, principalmente, del rol pastoral y profético. Sus objetivos eran el bienestar de sus congregaciones y comunidades, y defendían la justicia y la integridad cuando éstas se veían amenazadas. Pero ahora todo esto está cambiando; y está cambiando muy rápido. Porque hemos añadido un nuevo elemento a la lista de nuestros objetivos (no hace falta decir que no pretende desbancar a los otros objetivos). De hecho, este nuevo elemento es la continuación efectiva de los roles antes comentados. Este nuevo objetivo es esencial si queremos que las iglesias cristianas desempeñen una función importante en la sociedad occidental de este tercer milenio. Estamos hablando de la Evangelización.
Redescubramos la Evangelización
Evangelización. ¡Cuánto han cambiado las connotaciones de esta palabra! No hace mucho, se asociaba sólo con individuos aislados como el incomparable Billy Graham y sus grandes cruzadas. Se veía como una preocupación u objetivo particular –y hasta la podríamos llamar obsesión– de algunos grupos evangélicos. Era algo por lo que el resto de iglesias no tenían que preocuparse. Parecía que el futuro estaba asegurado aunque no existiera la preocupación de testificar y proclamar el Evangelio. El boom inmediato después de la guerra que hubo en la asistencia a la iglesia y en el compromiso cristiano hacía pensar que las cosas siempre iban a ser así. Muchos dirigentes de iglesia denunciaban la evangelización por ser una forma de imperialismo, viéndola como un resquicio de los días del colonialismo y del imperio. Era una idea anticuada y poco corriente, que no iba en la línea de las tendencias modernas. No podía funcionar.
Pero eso ya es del pasado. En el presente, hemos visto un cambio de actitud increíble. La necesidad de la evangelización se ve ahora de una manera totalmente opuesta: hablamos de la urgencia de la evangelización. Las iglesias se han dado cuenta de que la creencia de la postguerra era tan sólo pasajera, una tendencia temporal que estaba ocultando la creciente alienación hacia el cristianismo. La situación no se trató con la seriedad requerida. Y el precio de tal negligencia es altamente desesperanzador. En Inglaterra, la iglesia mantuvo una actitud autocontemplativa, llevando a cabo una reforma del derecho canónico. Y mientras estaba perdiendo el tiempo, entreteniéndose con sus regulaciones internas, la nación perdió la fe.
Y entonces llegaron las crisis de los años 60. La revista Time publicaba el siguiente titular: «La muerte de Dios». La secularización azotó la sociedad occidental. La membresía de las iglesias empezó a descender. En 1952, tan sólo el 2% de la población estadounidense se declaraba «arreligiosa». Diez años después, la cifra casi no había cambiado. Pero hoy, ha aumentado al 12%, y parece que en los próximos años va a seguir aumentando. En los años 70, las grandes iglesias empezaron a perder miembros de forma definitiva. A finales de los 80, ya se podía hablar claramente de un patrón que se repetía sin cesar. Las iglesias comprometidas con la evangelización crecían; aquellas que no la practicaban, menguaban. La evolución que tuvo lugar en los 90 es muy importante, y no puede desestimarse. La evangelización debe ser un aspecto normal, regular y esperado de la vida de la iglesia moderna tanto del pastor, como de la congregación.
Si volvemos la mirada a las excentricidades de los años 60, a muchos nos recordaba el cuento de Hans Christian Andersen del rey que no llevaba ropa. La ilusión del rey se tambaleó debido a la insistente pregunta de un niño. Las ilusión de la iglesia de tener un futuro asegurado está en la cuerda floja, tal y como pone de manifiesto el declive reflejado en los recientes estudios estadísticos de asistencia a la iglesia. «Si algunos de nuestros dirigentes de iglesias que van de comité en comité y se pasan las horas hablando hicieran su trabajo e intentaran convertir a los miembros de sus propias iglesias, éstas no estarían en un estado tan deplorable.» Este comentario de Mervyn Stockwood, uno de los obispos más radicales y creativos de la Iglesia Anglicana de los años 60, habla de la nueva realidad que está alcanzando incluso a las iglesias tradicionalmente más efectivas.
Así, no es ninguna sorpresa descubrir que, en los 90, la evangelización se convirtiera en la principal línea de actuación. Ya no es la prerrogativa de ninguna denominación o grupo religioso. Ahora, ver la importancia de la evangelización ya no es considerado como algo extraño y partidista. Algunos aún rechazan enfrentarse a la dura realidad, esperando que la gente venga a ellos sin realizar ningún esfuerzo evangelístico. Pero en general, las iglesias se han despertado a esta nueva realidad. Se han dado cuenta de la necesidad de la evangelización.
Las iglesias de occidente ya han puesto fin al coto de evangelización. Las iglesias ya son conscientes de que para poder seguir desempeñando un rol pastoral y profético eficaz en la sociedad occidental pluralista, necesitan estar en una posición de influencia, una posición que hoy en día se gana por la fuerza numérica y no gracias a unos vagos y difusos recuerdos. Ya no sirve descansar en las glorias del pasado. Puede que la nostalgia sea una experiencia bonita, pero no sirve para asegurar la presencia de una voz cristiana eficaz y comprensiva, en medio de una sociedad cada vez más confusa y trastornada.
Hace poco un colega me preguntó si yo creía en la evangelización. «¿Que si creo en la evangelización?», le dije, «¡Dependo de ella!». La evangelización ya no se ve como algo que sólo practican los universitarios excéntricos, aunque de buenas intenciones. Se ve como una parte integral de la vida, de la misión y del bienestar de las iglesias. ¡La evangelización es normal!
Esto parece sugerir que la evangelización es sólo una respuesta pragmática a una situación en la que se ha convertido en algo necesario. De hecho, la situación actual entre las iglesias de occidente nos ha llevado al redescubrimiento de la evangelización, y no a su invención. En la década de 1890 se fundó el movimiento estudiantil cristiano. Su lema era «la evangelización del mundo en esta generación». En la actualidad, un siglo después, no estamos más que redescubriendo aquella visión.
Inconscientemente, el cristianismo occidental se había hecho dependiente del legado de la Edad Media europea. La cristiandad era la única opción, es decir, aquella zona geopolítica llevaba consigo de forma inherente la cosmovisión cristiana establecida. La evangelización era totalmente innecesaria ya que la mentalidad de la sociedad estaba muy arraigada al cristianismo. Pero esa situación ha cambiado, especialmente en las últimas décadas, debido al alto índice de inmigración de regiones islámicas a Europa, y a la erosión que la fe ha sufrido al chocar con los desafíos del marxismo y de otras cosmovisiones modernas.
Esta nueva situación ha hecho que los cristianos nos fijemos en nuestro pasado y nos demos cuenta de que la Evangelización fue un elemento crucial de la Iglesia hasta el momento en el que el auge del cristianismo lo hizo innecesario. Fue clave en el cristianismo apostólico del Nuevo Testamento, en la historia de la Iglesia primitiva, y en los acontecimientos del gran avivamiento del siglo XVIII. Pero ahora el cristianismo está desvaneciéndose. Ya no podemos apoyarnos en el legado que tenemos. El cristianismo debe ganar una posición en la sociedad, y no confiar en la herencia de la Edad Media. La evangelización es la clave para el futuro del cristianismo en occidente.
Antes de que nos adentremos en el tema principal de este libro –la Apologética–, debemos saber claramente qué es la evangelización. Así que empezaremos intentando dar algunas definiciones. Es evidente que la palabra evangelización pertenece a la familia de la palabra Evangelio o buenas nuevas, así que se traduciría mejor como «proclamar las buenas nuevas» o «llevar buenas nuevas». Hay dos ideas principales indispensables para la comprensión de la evangelización: (1) las buenas nuevas de Jesucristo, que llenan de alegría el corazón de hombres y mujeres, y (2) para que la gente pueda oír estas buenas nuevas y beneficiarse de ellas, es necesario que estas buenas nuevas sean proclamadas. Nótese que la definición no presenta un tono de manipulación, imperialismo o autoritarismo. Presenta las buenas nuevas de lo que Dios ha hecho por los seres humanos pecadores, mortales y débiles, y de la responsabilidad que tienen los que han oído las buenas nuevas y se han beneficiado de ellas de transmitirlas a los demás.
La evangelización descansa sobre el deseo humano de querer compartir las cosas buenas de la vida. No evangelizamos para dominar a la gente, o para ganar puntos, o demostrar nuestra superioridad sobre los demás. Si esas motivaciones han existido en el pasado, la iglesia debe arrepentirse de ello. Porque la verdadera razón para evangelizar es la generosidad; el deseo humano básico de compartir algo precioso que nos llena de satisfacción con aquellos que nos importan. Es como si un mendigo le estuviera diciendo a otro mendigo dónde puede encontrar pan. Es el acto de compartir, de no quedarse para sí mismo algo tan maravilloso. «Probad y ved que el Señor es bueno», escribió el salmista (Salmo 34:8). La evangelización es como recomendar a unos amigos una receta deliciosa, o contarles algo extraordinario que te ha ocurrido. Si algo te importa de verdad, ¡no te lo guardarás para ti mismo!
Una parte básica de la evangelización es explicar por qué somos cristianos. ¿Qué es lo que nos ha llamado la atención de la fe cristiana? ¿Por qué ahora nuestra vida es diferente? Este tipo de cosas, por simples que parezcan, puede ser una de las más importantes a la hora de hablar de la presencia del amor de Dios en el mundo. A un nivel más sofisticado, diríamos que la evangelización es presentar lo que dice la fe cristiana, e invitar a la gente a dar una respuesta. Pero eso sería un segundo paso. Primero, debemos ser sensibles a la situación de cada persona. Este punto es tan importante que vamos a adentrarnos en él, y explorar lo que queremos decir con Apologética.
Apologética: de Cenicienta a Princesa
Con este nuevo énfasis –contar con una presentación de la fe cristiana eficaz y fiel– se recupera un recurso que había quedado olvidado: la Apologética. Como en cenicienta, ha llegado el momento de que la Apologética puede lucirse en el gran baile de palacio. Es verdad que muchas veces la jerga Apologética ha sido difícil de entender. En muchas ocasiones, para lo único que sirve es para permitirles a los expertos esconderse detrás de sus complicados términos. Así que la Apologética corre el peligro de caer, paradójicamente, en la inutilidad. Pero debemos usar este recurso. Consiste en un área bien definida del ministerio relacionado con la evangelización, pero por otro lado, es distinto a la evangelización. La Apologética es un tipo de pre-evangelización, algo que prepara el terreno para que la evangelización pueda tener lugar. Veamos cómo.
La palabra griega apologia quiere decir, como es bien evidente, «una defensa» o «una razón para creer o hacer algo». Se usa esta palabra con este sentido general en 1ª Pedro 3:15, donde se nos apremia a los cristianos a estar preparados para presentar defensa (apología) de la esperanza que hay en nosotros. La Apologética consiste en defender nuestra fe ante aquellos que nos demandan razón de ella. Consiste en persuadir a la gente de que el cristianismo tiene sentido.
Convertirse al cristianismo no consiste en dejar de usar el cerebro o en decirle adiós al pensamiento racional. El objetivo de la Apologética es tratar los obstáculos de la fe, dando respuestas elaboradas y razonadas que permitan a nuestra audiencia ver la coherencia de la fe cristiana. La Apologética hace unos años era una simple cenicienta; ahora se ha convertido en una princesa.
¿Cómo se relaciona la Apologética con la evangelización? Una rápida definición de evangelización podría ser «invitar a alguien a que se convierta al cristianismo». Entonces, la Apologética consistiría en allanar el camino para poder realizar esa invitación cuando la persona en cuestión ya esté cerca de dar una respuesta afirmativa. La evangelización podría definirse como ofrecer a alguien algo de pan. Y la Apologética, persuadir a este alguien de que el pan está a su alcance y que es bueno para comer. La Apologética subraya la racionalidad y sentido común, y el atractivo de la fe cristiana; la evangelización ofrece esa fe.
Todo esto suena bastante abstracto, así que lo más seguro es que estéis esperando que ponga un ejemplo práctico, de la vida real. Así que os contaré lo que le pasó a un amigo mío –al que llamaremos Simón– que ilustra muy bien la distinción entre Apologética y evangelización. Simón acababa de cortar con su novia y estaba bastante triste y solo. Unas amigas hicieron una fiesta en su honor para animarle. En la fiesta, hablaron de mujeres, de la vida, de mujeres, del trabajo, y de mujeres. Mientras hablaban de una de sus amigas –a la que llamaremos Jenny– se dieron cuenta de que Simón empezó a prestar más atención. Entonces empezaron a elogiar las virtudes de Jenny, a contarle cómo era, y por qué les caía tan bien. Y Simon empezó a montarse la película. Ya se había enamorado. ¿Y si no le gusto a Jenny? Sus amigas le aseguraron que eso no ocurriría. Al final, llegó la gran pregunta: ¿te gustaría quedar con ella? Simón asintió, y le concertaron una cita con Jenny.
La Apologética consiste en hacer lo mismo que hicieron las amigas de Jenny al hablar de ella. Consiste en destacar el atractivo de la fe cristiana e intentar salvar los obstáculos y dificultades que parece haber en el camino. La Apologética, como sugiere la analogía, tiene un matiz positivo, y un matiz negativo. El positivo consiste en presentar el atractivo de la fe cristiana; el negativo, en intentar neutralizar algunos de los obstáculos que hay entre mucha gente y la fe en Cristo. Pero a fin de cuentas, la Apologética no es más que una preparación: preparar el camino para que pueda existir una relación, ya sea con Jenny o con el Dios vivo. Y ahí es donde entra en juego la evangelización. Y la evangelización es una invitación, una invitación a iniciar una relación. Tal como sugiere nuestra analogía, existe un paralelismo entre una relación personal y la fe en Dios.
Otra forma de entender la diferencia entre la Apologética y la evangelización es viendo algunas parábolas del Nuevo Testamento. Jesús solía comparar el Evangelio con un banquete o con una gran fiesta (por ejemplo, ver Lucas 14:15-24). Intentemos darle dos enfoques diferentes a esa fiesta. El primer o subraya el hecho de que se está celebrando una fiesta, explica por qué va a ser una fiesta fantástica, y medita sobre lo bien que se lo va a pasar la gente. El segundo es una invitación a esa fiesta. Dice: «Estás invitado». Y pregunta: «¿Vas a venir?».
La Apologética es pues afirmar la verdad y el atractivo del Evangelio. La evangelización es hacer una invitación personal a la gente para que se acerque a la fe y se convierta al cristianismo. Así que la Apologética es una clase de pre-evangelización. Prepara el terreno para que se pueda realizar esa invitación ayudando a la gente a entender de qué va el cristianismo y por qué es tan atractivo y tiene tanto sentido. Y entonces el camino ya está allanado para el próximo paso, ya podemos lanzar la invitación o el reto.
Las analogías que hemos usado muestran claramente la diferencia entre Apologética y evangelización, diferencia que muchas veces no se tiene en cuenta. La Apologética no es confrontación. No es amenaza. La evangelización sí. Le pide a alguien que considere si está preparado o preparada para dar ese paso de fe, un paso que se puede dar gracias al camino que la Apologética ha allanado. Para dejar esto claro de una vez por todas, aún veremos otra analogía, que nos permite explorar algunos puntos de gran importancia para el tema de este libro.
Un enfoque clásico: Aristóteles
Aunque no podemos ignorar la importancia apologética del testimonio personal, la Apologética suele ser una persuasión verbal, a través de las palabras y de la técnica de la argumentación. Su objetivo es permitir que el cristiano entienda la forma en la que la gente toma decisiones en la vida, y que use ese conocimiento para presentar el Evangelio con toda su majestuosidad y poder.
En este sentido, la Apologética se parece más a la Retórica que a la Lógica. La Lógica consiste en las argumentaciones cortas y concretas que encontramos en los libros de texto. La Retórica es la habilidad de usar el discurso humano para persuadir a otros del poder y de la exactitud de nuestra visión u opinión. La Lógica consiste en la corrección; la Retórica consiste en cambiar las vidas de las personas.
A la mayoría de los políticos no les interesa la Lógica, y normalmente la ven como algo nimio. Pero la Retórica es mucho más. Es la capacidad de hacer que la gente acabe compartiendo su visión, apoyando su causa, y les acaben votando. En la lucha por llegar a la mente y al corazón de la gente, los cristianos tenemos que dominar la Retórica. Así que exploremos lo que el gran filósofo griego Aristóteles dijo sobre este tema. Porque aunque lo dijo hace casi dos mil quinientos años, sigue siendo muy relevante para nosotros. Según Aristóteles, existen tres factores que influyen en la gente cuando está intentando tomar una decisión. Usaremos las palabras griegas originales que él usó y las analizaremos.
1.Logos. En primer lugar, Aristóteles daba importancia al logos o «razón». (La palabra Lógica se deriva de esta voz griega). Existen argumentaciones racionales excelentes para defender la fe cristiana, y es importante conocerlas y usarlas. Pero por sí solas no sirven de mucho. La mente es tan sólo un aspecto de la persona; también es necesario apelar al corazón. Y esto nos lleva a la segunda consideración de Aristóteles.
2.Pathos. Aristóteles hace referencia a los aspectos emocionales de los argumentos con los que apelamos al corazón. El amor es el tema que domina en el Nuevo ...

Índice

  1. Cubierta
  2. Página del título
  3. Derechos de autor
  4. Índice
  5. Presentación a la Colección Teológica Contemporánea
  6. Introducción (Michael Green)
  7. Capítulo 1. Empecemos donde está la gente (Alister McGrath)
  8. Capítulo 2. ¿Por qué hay gente no cristiana? (Michael Green)
  9. Capítulo 3. El arte de construir puentes (Alister McGrath)
  10. Capítulo 4. Construir puentes entre el Evangelio y… (Alister McGrath)
  11. Capítulo 5. Construir puentes entre el Evangelio y otras religiones
  12. Capítulo 6. Confianza en el Cristianismo en una era pluralista (Michael Green)
  13. Capítulo 7. Apologética en la vida de la iglesia (Michael Green)
  14. Capítulo 8. Apologética entre la gente que no suele leer (Michael Green)
  15. Capítulo 9. La vida continúa (Alister McGrath)
  16. Bibliografía
  17. Autores del Capítulo 5