1. Primero, leche
La alimentación del bebé ya es una preocupación de las futuras mamás antes de que nazca. Desde el momento en que planeamos un embarazo a muchas nos asaltan un sinfín de dudas: ¿hay algún alimento que pueda ayudarme a quedarme embarazada?, ¿podré seguir comiendo igual?, ¿tengo que comer mucho más?, ¿debo vigilar los nutrientes que contribuirán a su buen desarrollo?, ¿hay algo que deba evitar para no tener problemas?…
De repente, tenemos muchas inquietudes y queremos hacerlo tan bien que a veces perdemos de vista el norte. Por eso, uno de los objetivos de estas páginas es centrar las cuestiones importantes y darles respuesta, desde la tranquilidad y la visión práctica, sin obsesiones, mitos o sobreinformación. Lo principal, como veremos, es el sentido común, para vigilar las toxiinfecciones, llevar un buen control y seguir una dieta saludable.
EN EL EMBARAZO YA LE APORTAS MUCHO
Las futuras mamás somos las que establecemos, con nuestra propia composición corporal y estado nutricional, el ambiente en el que se desarrollará el feto, además de ser quienes le proporcionamos directamente la alimentación que marcará la evolución del bebé. Y este ambiente es importante, ya que, junto con la dotación genética que le haya «tocado» a cada uno al ser concebido, marcará en gran medida cómo se comportará desde el punto de vista metabólico ese ser humano en el futuro. Además, la alimentación de la mamá también influye en el correcto desarrollo de la estructura cerebral que influirá en su intelecto. Por eso nos parece importante empezar el libro subrayando que también es conveniente prestar atención a lo que comemos en esta etapa.
¿Y qué significa nutrirse bien en el embarazo?
Nutrirse bien significa, ni más ni menos, que hemos de aportar al organismo las sustancias (proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas minerales y oligoelementos) que necesita para funcionar correctamente. Durante el embarazo, esta cuestión adquiere más importancia porque el feto recibe todos los nutrientes a través nuestro; vive, respira y come a través de la mamá.
Como ejemplo, cabe destacar que algunos estudios han probado que las mujeres que durante el embarazo siguen una alimentación basada en verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, aceite de oliva y pescado podrían ayudar a evitar el asma y las alergias en sus hijos. Este en concreto se llevó a cabo por investigadores de la Universidad de Creta (Grecia) y fue publicado en la revista Thorax. Otros (como el de un equipo del Hospital de la Universidad de Turku, en Finlandia, publicado en Acta Pediátrica), por su parte, han demostrado que abusar de ciertas sustancias, como el alcohol o el tabaco, puede alterar la estructura cerebral del bebé, con repercusiones hasta la adolescencia. Estos dos ejemplos nos sirven para ilustrar que, en efecto, lo que comemos durante el embarazo influye.
Además, si la alimentación de la madre es saludable, completa y equilibrada, ayudamos a prevenir carencias que pueden terminar provocando cansancio y otros síntomas que se traducirán también en los valores de los análisis clínicos periódicos que se realizan durante el embarazo, dando lugar, por ejemplo, a anemia. Por otro lado, si los hábitos alimenticios no son saludables, es un buen momento para empezar a comer correctamente, pues de esta manera podremos transmitir la importancia de la nutrición a nuestros hijos desde el principio.
NUTRIENTES CLAVE
A grandes rasgos, se puede decir que la alimentación en el embarazo debe ser completa, ordenada y variada. Si se sigue una dieta omnívora, la más habitual en nuestra población, lo ideal es basarla en verduras, frutas, legumbres, cereales (pan, pasta, arroz…) en lo posible integrales, pescado, carnes blancas y lácteos. Es importante evitar el consumo de alimentos procesados, bollerías, bebidas azucaradas, etcétera, ya que en muchos casos aportan gran cantidad de calorías y son de escaso valor nutritivo, así como reducir tanto como se pueda las grasas animales contenidas en margarinas, embutidos… Por tanto, más que vigilar nutrientes concretos, se trata de seguir una dieta saludable y de considerar que es un buen momento para empezar a instaurar hábitos de alimentación saludables que nos acompañen en el futuro.
- Proteínas: representan el material de construcción, reparación y mantenimiento de nuestro cuerpo. Entre los productos de origen animal, los huevos, los lácteos, los pescados y las carnes contienen las proteínas de mejor calidad porque poseen todos los aminoácidos esenciales. Sin embargo, hay que limitar el consumo de pescados grandes, como el atún y el pez espada, ya que son los que contienen más mercurio, peligroso para el desarrollo del feto, así como evitar las carnes grasas por su elevado aporte de grasas saturadas. Entre los vegetales, destacan las legumbres, los frutos secos y los cereales. Sin embargo, bien combinados (cereales y legumbres en una misma comida), su contenido en aminoácidos es nutritivamente suficiente y correcto.
- Hidratos de carbono: nuestro cerebro en plena acción, el corazón latiendo y los músculos en movimiento obtienen la energía de los hidratos de carbono, un combustible de fácil obtención, elevado rendimiento y muy equilibrado. Hay dos tipos de hidratos de carbono: los simples, como el azúcar refinado y las frutas, de asimilación rápida, y los complejos, como los cereales (pan, pasta…), las legumbres o las patatas, de asimilación lenta. Estos últimos deben constituir la base del aporte energético, lo que implica priorizarlos y limitar, en cambio, el azúcar, la bollería, los dulces… Las frutas, si bien contienen azúcares simples, no deben limitarse sino al contrario: consumirse a razón de tres piezas diarias, pues nos aportan vitaminas, fibra y otros nutrientes muy importantes.
- Grasas: las grasas se almacenan en el tejido adiposo, que representa nuestra reserva energética más importante, a la vez que sirve de almohadilla corporal para proteger los músculos, el esqueleto y los órganos vitales. Además de su función como combustible, las grasas también desempeñan funciones de gran importancia celular, de ahí que no deban eliminarse nunca de la dieta, y menos ahora. De lo que se trata, eso sí, es de escoger las grasas más saludables (aceite de oliva, pescado azul, frutos secos, aguacate…) y de evitar las menos saludables (bollería industrial, embutidos, carne grasa, quesos curados, natas…). La grasa de elección debería ser el aceite de oliva virgen extra.
- Vitaminas y minerales: El aporte de hierro y de ácido fólico se recomienda especialmente en el embarazo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace recomendaciones específicas sobre ambos, ya que su carencia puede afectar negativamente a la salud de la mamá, a la gestación y al desarrollo del feto.
- Hierro: se estima que más de 40 % de las embarazadas del mundo sufren anemia. Al menos la mitad de esta carga de anemia se atribuye en principio a la carencia de hierro. Es uno de los elementos necesarios para la formación de hemoglobina, el pigmento que da color a los glóbulos rojos. Además, fortalece el sistema inmunológico, transporta el oxígeno de la sangre por todo el cuerpo, estimula los procesos vitales de las células y forma parte de la reserva energética del organismo. Durante el embarazo, el futuro bebé absorbe una tercera parte del hierro para la formación de la sangre y para crear reservas después de nacer, almacenándolo en el hígado. Por eso es tan importante consumirlo en las cantidades necesarias, y a muchas mamás se les prescriben suplementos de este mineral. Carne y pescado son fuentes de hierro hemo, el que se absorbe en mayor cantidad. El de las legumbres, los frutos secos, el huevo o las espinacas se absorbe menos, por lo que se aconseja consumir estos alimentos junto con otros ricos en vitamina C, que ayuda a que se asimile mejor: legumbres aliñadas con zumo de limón, tortilla con ensalada de tomate, yogur con mandarina y almendras…
- Ácido fólico o vitamina B9: es necesario para la formación de los glóbulos rojos (recuerda que hay mucha demanda en el embarazo) y para el desarrollo del sistema nervioso del futuro bebé. Se ha demostrado que la toma de ácido fólico durante el primer trimestre y tres meses antes de la concepción puede prevenir una enfermedad congénita llamada espina bífida. Las mejores fuentes son las verduras de hoja verde (brócoli, espinacas, acelgas…), el germen de trigo, los frutos secos, los huevos, los plátanos, los cereales integrales y las patatas.
Recomendaciones de la OMS
Para prevenir la anemia materna, la sepsis puerperal, el bajo peso al nacer y el nacimiento prematuro se recomienda que las embarazadas tomen un suplemento diario por vía oral de hierro y ácido fólico con entre 30 y 60 mg de hierro elemental y 400 µg (0,4 mg) de ácido fólico. A partir de estas recomendaciones de la OMS, en España es el médico quien decide a quién y cómo suplementar.
- Otros: También nos parece importante mencionar:
- Calcio: durante el embarazo, el feto empieza a aprovisionarse de calcio para la formación de sus huesos entre la cuarta y la sexta semana de gestación. Es, por tanto, sumamente importante que no te descalcifiques durante este periodo. Para ello se aconseja un aporte de 1.200 mg al día de este mineral, lo que equivale a tomar, por ejemplo, dos vasos de leche, dos yogures y una porción de queso semicurado. Aunque la leche y derivados son las mejores fuentes de calcio por su alta biodisponibilidad, también se encuentra en avellanas, semillas de sésamo, almendras… Es importante destacar que en nuestro país no se observa un bajo consumo de calcio y, pese a ello, sí existen altos problemas de descalcificación (que pueden degenerar en osteoporosis) incluso en edades tempranas, por lo que se contempla que pueda ser causada por una deficiencia de vitamina D (la que ayuda a fijar el calcio en los huesos) o por interacciones con otros alimentos. Encontramos vitamina D en el pescado azul, los lácteos o el huevo. Hay que recordar que los rayos solares son esenciales para que el organismo pueda producir la vitamina D y por ello se aconseja tomar quince o veinte minutos de sol al día para asegurarse su aporte. Teniendo en cuenta las interacciones, es importante que evites los llamados «ladrones del calcio», ciertos alimentos que favorecen su eliminación. Es el caso del consumo excesivo de proteínas, alimentos muy salados, azúcares, café, tabaco y alcohol.
- Yodo: su déficit produce malformaciones en el feto y un mayor número de abortos, así como más mortalidad perinatal, cretinismo neurológico o deficiencia mental. El ajo, la remolacha, las acelgas, el champiñón, la judía verde, la soja, las habas, las moras, la piña, la leche, las algas, los moluscos y los crustáceos y el huevo lo contienen. Aunque la mejor solución es la utilización de sal yodada para cocinar, si bien no debe abusarse de ella y ha de tenerse en cuenta que pierde propiedades en la fritura y la cocción.
- Vitamina B12 o cobalamina: su carencia afecta sobre todo si se sigue una dieta vegetariana u ovolactovegetariana, pues se encuentra en los alimentos de origen animal. Durante el embarazo se aconseja aumentar un 35 % su aporte, ya que su falta puede causar anemia perniciosa. El hígado, el queso, las almejas, los huevos y el pescado son...