Don Mirócletes
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Don Mirócletes

  1. 260 páginas
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Don Mirócletes

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Información del libro

La Corporación Otraparte y la Editorial EAFIT ofrecen la presente edición de Don Mirócletes, una de las obras principales en el naciente ejercicio intelectual, entre lo filosófico, lo literario y lo político, de Fernando González. Dos ediciones aparecieron en Europa mientras fue diplomático en Génova y en Marsella. En 1932 es publicada por primera vez en París por la Editorial le Livre Libre. Una segunda edición, en 1934, apareció en Barcelona, editada por la Editorial Juventud, que también publicó El Hermafrodita dormido (1933) y Mi Compadre (1934), pero al parecer dicha edición no llegó a Colombia y la Corporación solo tuvo conocimiento de ella en 2017. Otra "segunda edición", de 1973, se publicó en Colombia por la Editorial Bedout, y una tercera en 1994 por la Editorial Universidad Pontificia Bolivariana.Esta Quinta edición, que ahora presentamos, es una revisión de las cuatro ediciones precedentes, aunando en una misma línea cronológica el camino editorial de una obra en la que resalta la vida palpitante en unos personajes harto complejos, "latentes en el autor", según se anuncia en el prólogo original. "Este es mi libro, el libro más mío", afirmó Fernando González en una entrevista para el periódico liberal Relator de Cali en 1936.

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Información

Año
2020
ISBN
9789587206678
DOS PALABRAS
Me parece que a ninguno lo atormentó un personaje suyo como Manuelito Fernández a mí. Amargóme los días de mi primera visita a París, pues allá lo creé y llegó a estar tan vivo que me sustituyó. Casi me enloquezco al darme cuenta de que me había convertido en el hijo de mi cerebro.
Quise formar un personaje y rodearlo de gente y de vida observada hace tiempos. Me cogió la lógica que preside a la aparición de los organismos artísticos y casi me lleva a la locura. El 20 de agosto de 1932, a las once de la noche, entré al metro en la estación de la Magdalena, huyendo de una hermosa que me repetía: Pas cher! Pas cher! Quatre vingts francs avec la chambre…, y allá me sentí tan idéntico a mi personaje que lo oía hablar dentro de mi cráneo, y entonces terminé este libro sin que Manuelito se suicidara. Si se mata –me dije–, oiré que la bala rompe mis huesos y penetra en mi cerebro. Mi proyecto y la lógica exigían terminar con el suicidio. Pero fue imposible.
¿Cómo sucede esto? Yo no lo sabía antes. La creación de un personaje se efectúa con elementos que están en el autor, reprimidos unos, latentes, más o menos manifestados, otros. Durante el trabajo, la imaginación y demás facultades se concentran e inhiben los complejos psíquicos que no entran en la creación, y desarrollan, activan aquellos que lo van a constituir, hasta el punto, a veces, de que el autor sufre un desdoblamiento y la ilusión de haber perdido su personalidad real.
La creación artística es, en consecuencia, la realización de personajes que están latentes en el autor. Nadie puede crear un criminal, un avaro, un santo, un idiota, un celoso, sin que los lleve por dentro. Puede ser buena toda la apariencia de un artista y crear un monstruo. Pero ahí se traiciona, ahí confiesa… La observación no es bastante por sí sola para creaciones verdaderas; ayuda apenas.
¿Cómo puede ser que Manuelito esté en mí? ¿Si nunca he pensado lo que pensó, dicho lo que dijo y ni siquiera yo sabía que existieran tales pensamientos? Pues sencillamente –ahora lo veo muy claro– que estaba atado dentro de mí, dormido, con la boca cerrada, paralítico. Y no sé por qué se me ocurrió crearlo, y se fue soltando y comenzó a pensar y a lo último me dominaba hasta el punto de que en París pretendió que yo fuera el paralítico y casi me hace suicidar. ¡Jamás volveré a efectuar estas experiencias!
Ya pasó. Esto lo escribo en Marsella. No quiero ver las pruebas del libro; no quiero leerlo. Eso no es mío, o mejor es la enfermedad que había en mi cerebro. Es un hijo mío monstruo. El editor me dice que es necesario quitar algunas palabras, frases y versos, y le contesto:
—Eso es de Manuelito y no quiere, desea hablar así, pensar de ese modo y hacer versos que parezcan hongos venenosos.
Pocos libros tienen tanta vida; pocos tienen personajes que vivan independientemente del autor. Como creación, es la obra mía que más me agrada. Pero no quiero leerla porque sentiré que soy Manuelito y deseo olvidar eso tan horrible.
También en San Francisco estaban Pedro Bernardoni, el lobo y los ladrones. Por eso era tan humilde. En el más santo está el asesino, y ¿qué no habrá en mí?
Lo mismo sucede en la vida orgánica, que de padres buenos salen pícaros y de bellos salen monstruos, y a veces, como hermanos, un pillo y un santo.
¿Cómo podrían aparecer, si no estuvieran en los padres? Hay muchas posibilidades en cada uno y el secreto del arte consiste en darles realidad. El valor de la obra se mide por la vida que adquiere la posibilidad que había en el artista.
Y si esto es verdad, mi libro tiene algún mérito, pues una noche en París, hace doce días, gritaba en mi dormitorio, invocando a mis buenos padres, que están en Colombia, para que me defendieran del monstruo Manuelito Fernández.
Por eso le dije al editor que no podía suprimir las palabras vulgares ni los versos negros, y ahora lo repito a mis lectoras. ¿Habrá lectoras para este libro?
El editor me decía con mucha prudencia:
—Suprímale esos pequeños lunares, pues quién quita que algún día la gloria…
Me tentó. Al oír la mágica palabra se me apareció el busto de Verlaine en los jardines del Luxemburgo; se me presentó su gran cabeza deforme en donde siempre está posada una paloma: LA GLORIA. La mía será en Envigado, en el jardincito al frente de la iglesia en donde me bautizaron, entre las ceibas de la plaza, y será un afrechero que se posará en mi cabeza deforme también… Pero a pesar de todo, a pesar de la gloria, no puedo suprimir una sílaba.
¡Ojalá que algún día me dé a crear al santo que está dormido en mí, y entonces… Pero hoy no insistan, queridos editor y lectoras!
F. G.
Marsella, 11 de septiembre de 1932

Villa “L’Espérance”, avenue Bonneveine, 63 bis
I
LÍNEAS AUTOBIOGRÁFICAS
Nací en Bello, población de Antioquia, departamento de Colombia, en 1895; nací con tres dientes y mordí a mi madre, que murió por un cáncer que se le formó allí. Nací con dientes porque mi padre era alcohólico, y eso hace madurar pronto. En todo me he adelantado, pero soy niño en dejar de fumar y beber: llevo la cuenta y he comenzado trescientas siete veces a dejar los vicios. Una vez los dejé durante un año. Así, yo soy un técnico en métodos para curar de la nicotina y del alcohol. Ahora veremos. Soy un eterno estudiante.
PRIMER MÉTODO
Dejarlos poco a poco y tomar purgantes durante el régimen para lavar el hígado y las otras vísceras.
Al amanecer se tira uno de la cama y se va desnudo para un espejo de cuerpo entero; se pone los dedos índices en las sienes y se dice:
“Fernández, ahora ya se hace la paz en tu cerebro; ya va circulando la sangre acompasadamente. Por lo mismo, estás concentrado. Cuando hay muchos esbozos de ideas, la sangre corre; pero cuando la mente está lista para un gran propósito, para un esfuerzo solo, grande y duradero, la sangre… ¡Ya estás! ¡Cuán fuertes tus ojos! Oye: aquí tienes este paquete de cigarrillos y esta botellita. Es lo que puedes fumar y beber hoy. Por consiguiente, demora el comenzar…”.
A los dos días se disminuye la dosis. Así se continúa.
SEGUNDO MÉTODO
Ante el espejo: “Fernández, ¡cuán asquerosos este cigarrillo y este aguardiente, uf!”. (Se hacen esfuerzos para vomitar. Este método se llama autosugestión mimética).
TERCER MÉTODO
Dejarlos de una vez, y siempre que venga el deseo ir hacia el espejo y tener un monólogo: “Tic, tic… Oye, Fernández, cómo va el reloj; acuérdate que el placer pasado es doloroso, y que todo es pasado, o va a pasar ya, ya. Todo pasa, todo pasa…”. Y, si aprieta el deseo, ir haciendo el vacío mental poco a poco hasta dormirse. Durante estos sueños, la subconsciencia trabaja. Lo malo está en que hay que pasar el día en el espejo, pero ¡acordarse de que todo triunfo facilita el siguiente, en la guerra con los hombres y consigo mismo!
FISIOLOGÍA DEL DESEO DE FUMAR Y DE BEBER
Yo quiero fumar. Yo quiero beber. ¿Qué significado tienen estas frases? Que el conjunto de células que forman el organismo se ha habituado a vivir en un medio formado por alcohol y por nicotina. Cada célula necesita de esos ingredientes, y el conjunto de sus necesidades se sintetiza en la palabra yo. La necesidad de beber se manifiesta a la conciencia en forma de sequedad de la garganta, y la de nicotina, en forma de fiebre en las venas, irritabilidad nerviosa y ruidos arteriales en la cabeza.
De lo anterior se deduce que el mejor método es el gradual: reglamentar el vicio en escala descendente y tratarse mentalmente por medio del espejo.
Hay muchos otros métodos, pero no puedo ocuparme ahora de ellos.
¿Resultado? Ningún resultado he obtenido. Cada vez, en cada derrota, queda más débil mi poder afirmativo, mi voluntad. Pero es que a mí me ataca la tentación de un modo sui generis: cuando la garganta se pone seca o la sangre hormiguea, y estoy en lo más recio de la lucha, se me aparece la imagen de mi madre y me dice: “¿Qué podrá ser el hombre que mordió a su madre, el niño alcohólico que nació con dientes?”.
EL CINE
Mi pasión es el cinematógrafo. Allí está mi iglesia. Cuando veo a un actor, a una bailarina, a un artista del gesto, salgo transformado. Mis amigos creen entonces en mí. Salgo con la chispa en los ojos, con los músculos tonificados. ¿Qué pasó? Que nació la decisión, y nada es más bello que el cuerpo de un hombre decidido. Mi espíritu, hundido en mi cuerpo alcohólico, salió a bañarme, así como el sol. Al decir actor, bailarina, artista, les doy su magno significado. No hay regulares, pues no lo son.
Por ejemplo, veo una cara llena y resuelta que hace el papel de hombre bueno, y me sube una decisión firme: “Seré un hombre grande, artista, actor, escritor, alguna cosa, pero perfecta…”. Y así comienzo mis regímenes, hasta que mi voluntad de hijo del alcohólico Mirócletes se cansa…
LA GRANDEZA HUMANA
Por eso nadie ama la grandeza humana como yo. Cuando veo un hombre grande, mis ojos se dilatan: generalmente los tengo alargados y parecen dos grandes cortadas. Mis amigos dicen que en ciertos días, al salir del cine, mis ojos tienen una belleza prometedora.
Cuando oigo que hay un gran hombre, o cuando leo algo sobre ellos, dejo de fumar y beber durante ocho días.
Ahora me voy en busca de Simón Bolívar. Un régimen venezolano de dos meses, ¿me dará resultados?
Esto es, amigo, lo que puedo decirte acerca de mí, para que te expliques mis conferencias, que taquigrafiaste, y mis teorías psíquicas y políticas que tanto te gustan.
II
CONFERENCIA EN BOGOTÁ
Trataré de la personalidad. Trataré duramente, porque yo quiero ser hombre duro y que mi Colombia lo sea. Lo dulce, la literatura, es de mujeres. Quiero ser duro, porque en realidad soy blando. Odio la literatura, porque en realidad soy poeta alcohólico e inconexo; yo nací con dientes y mordí a mi madre, que murió por eso. Colombia es dulzona, rábula, poetisa, alcohólica, nació con dientes y mordió al hombre duro, a su padre don Simón Bolívar. No me perdono esta imagen, digna de un bogotano, señores…
La personalidad es el conjunto de modos propios de manifestarse el individuo. Aquello que se manifiesta se llama individualidad. Siento vértigo de grandeza humana al contemplar lo perfecto de esta definición.
Yo tengo un primo que lee las novelas al revés, comenzando por el último capítulo, con el propósito de imaginar de qué comienzos pudo resultar ese fin. Este primo tiene per-so-na-li-dad para leer.
La individualidad es lo que se manifiesta: es igual en todos, pero más o menos dormida a causa de embolias psíquicas, como, por ejemplo, la herencia alcohólica.
Este estudio es de suma importancia. Eso que llaman algunos garabato, gancho, y que los yanquis llaman it, es la personalidad. Desde tiempos remotos, desde que el hombre existe, la ciencia ha querido robar a la naturaleza el secreto de la personalidad. Los yanquis escriben y escriben acerca de ello. Hasta el zapatero más desgraciado se cree con derecho.
Lo que llaman buenas maneras son los modos propios de obrar los grandes hombres. Al verlos, fueron anotando: “Se debe caminar así, etc.”. Un gran hombre comía cogiendo la cuchara con el asa sobre el dedo índice, falangina, y debajo del pulgar, y apuntaron: “La cuchara…”. Las buenas maneras son los modos de obrar las individualidades fuertes. Advierto que en el curso de esta conferencia los términos personalidad e individualidad serán sinónimos.
Yo, señores, conocí al padre Elías, que usaba un pequeño sombrero; era un gorrito sobre su gran cabeza. Fue la primera vez en que vi cómo una prenda de vestir, fea de suyo, se hacía bella por la personalidad. El alma del padre Elías irrigaba el sombrero, echaba raíces en el sombrero. ¡Cuán bello iba el jesuita! Sentí deseo de usar un sombrero así… ¡Terrible error que todos cometemos! Lo bello es la individualidad, el soplo divino que al manifestarse por modos propios embellece todo lo exterior. En mi niñez leí que el poeta Byron se emborrachaba en sus banquetes hasta caer debajo de la mesa, y tal era la personalidad del inglés que eso parecía bello y durante un tiempo me emborraché hasta caer debajo de la mesa. Todos hemos caído en estas equivocaciones. Respecto de mi experiencia, os diré que mis parientes me sacaban de debajo de la mesa con ascos y desprecios. Entonces comprendí que era la grandeza de alma la que embellecía todo lo exterior, incluso los vicios. Cuando un joven comprende que el secreto no está en lo que haga, en lo que diga, en el vestido, etc., sino en la energía interior, está maduro para la filosofía. Os diré que una vez Tito Salas, que deseaba agradar al general Castro, le dijo: “¡Qué bello ese sombrero de Panamá! Ese sombrero es el que le trae a usted la buena suerte”. “Un momento –contestó Castro–: yo soy el que le trae suerte al sombrero…”.
Por lo tanto, señores, no creáis que por aprender los tratados de buenas maneras, por vestiros a la moda, seréis bellos o grandes. El secreto está en desarrollar la personalidad, y, una vez desarrollada, todo lo que hagáis será bueno; vosotros seréis entonces los creadores de lo bueno, de lo bello, y cualquier cosa que hagáis será buena…
A esto he venido a Bogotá. A deciros que Suramérica es como el joven que pretende hallar la grandeza en los modos de manifestarse el padre Elías. Y el jesuita, para Suramérica, es Europa y son los yanquis. ¡No tenemos personalidad! Creemos que esto será un gran continente el día que bebamos whisky, el día en que adoptemos las inversiones sexuales de allá, el día en que hablemos inglés o francés, el día en que nuestros pueblos se rijan por leyes europeas.
Ya dije que la individualidad es igual en todos, que en aquellos en quienes está dormida es a causa de embolias anímicas. Este concepto de embolias anímicas es creado por mí, y es esencial. Veamos una: yo bebo y fumo, y cuando estoy logrando vencer estas necesidades, cada una de mis células grita: “¿Para qué atormentarte? ¿Qué objeto tiene la vida?”. Pero ese grito se extiende por todo mi ser, ocupa mi personalidad, poco a poco, hasta hacerse dueño de todo el campo mental y ser invencible, eternamente invencible. La embolia consiste en que soy hijo de Mirócletes Fernández, alcohólico desde niño, que heredó de su madre un pequeño rayo de voluntad para la vida bella, pero de mi abuelo la tendencia alcohólica; mi padre hizo muchos y pequeños esfuerzos por salir de su vida viciosa, y siempre fue vencido; vivió siempre en el remordimiento de las caídas y me transmitió el convencimiento celular de la derrota; así, cuando mi amor por la belleza y grandeza humanas, que me acomete casi siempre en el cinematógrafo, al ver un actor de gesto fuerte, me hace aparecer en los ojos la chispa divina heredada de mi madre, y mis entrañas se conmueven al pensar en mi futura grandeza, corro al espejo y me aconsejo a mí mismo y adopto un método para salir del vicio: durante dos o tres días mi cuerpo es bello, todos me aman, parece que a todos les hubiera hecho un regalo o los fuera a emplear. La vida comienza a parecerme un paraíso…; pero las células principian a gritar, a exigir las sustancias en cuyo medio han vivido, y la nube de tristeza va aumentando, va cubriendo mi campo mental, así como el vapor de agua se va condensando en negro nubarrón hasta cubrir todo el cielo; mi cuerpo se pone fláccido; hablo y no me oyen; ordeno y no me obedecen; entro y no me ven… “¡Estos malditos criados se burlan de mí!”. Corro a mi cuarto y voy al espejo para aconsejarme, y de repente se me aparece Mirócletes, o sea todas mis células envilecidas, y oigo un solo grito: “¿Para qué luchas? ¿Existe acaso Dios y te ha encomendado alguna labor? No te atormentes, fuma y bebe, pues naciste con dientes y mordiste a tu madre, y la mataste: eres el fruto que maduró antes de tiempo, el hijo de Mirócletes Fernández…”. Ahí tenéis, señores, lo que es una embolia psíquica. Pido excusas a mi ideal por la forma literaria del párrafo anterior, pues me exalté. Mirócletes era abogado y tenía un estilo florecido; fue compañero de parrandas del Indio Uribe, y vivieron insultando a los gobernantes en una literatura de irritación meníngea. El párrafo anterior tiene forma hereditaria.
Otra embolia psíquica. Muchas veces me voy detrás de la gente para observarla, para buscar embolias. Cierta vez me fui detrás de un negro joven y gordo. Caminaba moviendo los brazos únicamente del codo a la mano. Me fui yendo e intuí el origen de ese caminado: era una embolia psíquica, a saber: un abuelo de este negro tuvo amores con una abuela de este negro, y un día, detrás de un barranco…, y en esas se asomó por allí el amo del negro. ¿Comprendéis? Toda timidez, toda traba en la manifestación de la individualidad tiene su explicación en las embolias. ¿Cuánto me irá a dar el Gobierno de Bogotá por este descubrimiento?
Pues bien, Suramérica tiene grandes embolias que le impiden manifestarse, aportar algo al haber de la humanidad. La gran embolia, que las explica todas en nuestro continente, es el hecho de que fuimos descubier...

Índice

  1. CUBIERTA
  2. PORTADILLA
  3. PORTADA
  4. CRÉDITOS
  5. CONTENIDO
  6. NOTA EDITORIAL
  7. PRÓLOGO
  8. Don Mirócletes
  9. Dos palabras
  10. AGONÍA DE EPAMINONDAS Ensayo de patología descriptiva
  11. Notas al pie
  12. CONTRACUBIERTA