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Descripción del libro
En los últimos días de octubre de 1962 el mundo estuvo al borde de una guerra nuclear cuando Rusia, entonces Unión Soviética, instaló cohetes en Cuba. Estados Unidos confirmó la existencia de los misiles el 16 de octubre, y el 22 de ese mismo mes el presidente John F. Kennedy lanzó un ultimátum: retirada inmediata o bombardeo. "A la luz del relámpago. Cuba en octubre" es una detallada crónica presencial escrita por Adolfo Gilly, a la sazón corresponsal en La Habana del periódico Marcha de Montevideo.
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Historia militar y marítimaCUBA-ESTADOS UNIDOS EL TODO POR EL TODO
El 23 de octubre de 1962, a las 19:00 horas, John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos, anunció a la nación y al mundo que, habiendo comprobado su gobierno la existencia de “armas estratégicas ofensivas” (misiles con carga nuclear) en la República de Cuba, instaladas secretamente por la Unión Soviética, denunciaba este hecho como una amenaza a “la paz y la seguridad” del continente americano y declaraba una cuarentena naval sobre la isla: primero, todo barco que se dirigiera a Cuba sería inspeccionado y obligado a retroceder si traía carga de “armas ofensivas”; segundo, se aumentaba la vigilancia sobre la isla y se reforzaba militarmente la base de Guantánamo; tercero, se declaraba la movilización y el estado de alerta de las fuerzas armadas de Estados Unidos.
Informado de que esa tarde el presidente Kennedy haría un anuncio de extrema importancia y en vista de grandes movimientos militares en el Caribe, el gobierno cubano se adelantó y, desde las 16:00 horas, declaró la movilización general y la alerta de guerra en toda Cuba. Un cronista de esos días lo contó de este modo:
“A las armas.” Un cartel rojo con un civil enarbolando una metralleta y sólo tres palabras en grandes letras blancas: “A las armas”, apareció cubriendo todas las calles de La Habana el martes 23 de octubre de 1962. Desde las 18:00 horas del día anterior, Cuba estaba en pie de guerra. Kennedy había lanzado la amenaza de invasión y Fidel Castro había llamado a la movilización general. El cartel —un color, tres palabras y un gesto— sintetizaba la reacción instantánea del pueblo cubano […]
Fue como si una larga tensión contenida se aflojara, como si todo el país como un solo cuerpo dijera: “¡Por fin!” La larga espera de la invasión, la guerra de nervios, los pequeños ataques, los desembarcos de espías, el bloqueo, todo eso estaba atrás. Ahora era la hora de la lucha y todo el mundo se lanzó a ella en cuerpo y alma.
“Alarma de combate” y “La nación en pie de guerra” fueron el 23 de octubre los dos titulares en grandes caracteres del periódico Revolución. 3 000 000 y mujeres armados movilizó el gobierno en el ejército, las milicias, los centros de trabajo y de estudio, los barrios y las calles de las ciudades: el pueblo en armas. En algunos centros de reclutamiento —el hotel Habana Riviera, por ejemplo— pudieron acudir a ocupar su puesto en el conflicto inminente los ciudadanos de otros países que en ese momento estaban en la isla. A la salida de sus tareas los trabajadores hacían ejercicios militares en calles y plazas, bajo una lluvia persistente. Al mismo tiempo, como pudo comprobarse después, aumentó la productividad y la disciplina en las empresas. Siguió contando el cronista:
El día 23 el ejército y todas las milicias estaban movilizados. Las unidades de combate de las milicias comenzaron a salir hacia el interior del país. Las unidades de defensa popular se distribuyeron por toda La Habana. Decenas de miles de hombres y mujeres que no estaban hasta entonces en las milicias se presentaron voluntariamente y comenzaron su instrucción. Toda Cuba era un campamento militar en pie de guerra.
Cuarenta años después, el historiador persiste en constatar lo que entonces registró aquel cronista: ese llamado audaz de una dirección que reunió en su torno a todo su pueblo y se colocó así bajo su protección, su influencia y su impulso; esa movilización inmediata y en masa; esa participación de todos en todas partes; esa agitación de los espíritus y de las armas fue lo que hizo toda la diferencia con lo que se vivía en esos mismos momentos en Estados Unidos y en la Unión Soviética: un enfrentamientos al borde del estallido entre los gobiernos y los ejércitos de dos potencias sin que sus pueblos fueran convocados a ser otra cosa que espectadores pasivos, conteniendo el aliento como todo el planeta y esperando que allá en las alturas sus dirigentes no los arrastraran al abismo de una guerra nuclear.

Vista aérea de una base de misiles balísticos de alcance medio en Sagua la Grande, Cuba. Anónimo. 17 de octubre de 1962. U. S. Air Force photo Collection.
Cuba sólo podía usar las armas que tenía, incluidas sus baterías antiaéreas de mediano alcance, mientras que los disparadores nucleares, en todas partes, estaban bajo el control exclusivo de las dos potencias: Estados Unidos y la Unión Soviética. Los misiles instalados en territorio cubano estaban bajo mando soviético y únicamente por órdenes de Moscú podían ser disparados. El enfrentamiento nuclear era, pues, entre los grandes. Pero quienes se estaban jugando literalmente el todo por el todo eran Cuba y su revolución, el primer blanco seguro en caso de enfrentamiento nuclear.
¿Cómo se había llegado a ese límite último?

El presidente John F. Kennedy confirmó en televisión la instalación de los misiles en Cuba el 3 de noviembre de 1962. Anónimo, CA. 1962. Biblioteca del Congreso, Washington, D. C.
* * *
Desde junio de 1962, como después veremos, por iniciativa soviética y acuerdo cubano, había comenzado la febril y secreta operación de instalación de misiles de alcance medio con carga nuclear en territorio de Cuba. Un objetivo, después se dijo, era proteger a la isla de la amenaza de una invasión, amenaza siempre presente en las operaciones de sabotaje y hostigamiento desde territorio de Estados Unidos con el apoyo de los servicios de inteligencia de este país, intensificadas desde la derrota de la invasión de Playa Girón en abril de 1961 y aprobadas por Washington bajo el nombre clave de Mongoose Operation (Operación Mangosta). El otro objetivo, también se dijo, era equilibrar la relación de fuerzas nucleares entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Los misiles en la isla debían disuadir las amenazas contra Cuba y compensar la cadena de bases nucleares de Estados Unidos en las vecindades de la Unión Soviética. Los cubanos querían que la operación quedara cubierta jurídicamente por un pacto militar público entre dos naciones, una declaración de que cualquier ataque contra Cuba sería considerado como un ataque contra la Unión Soviética. Según ese pacto, cada país ejercería el derecho soberano de proveerse de las armas que creyera pertinentes sin tener que dar a nadie explicaciones al respecto.
Nikita Jruschov y el gobierno soviético consideraron que la operación de instalación de los misiles (denominada Operación Anadyr) debía ser secreta y sería revelada a fines de 1962, una vez concluida y en condiciones operativas, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, poniendo a Estados Unidos ante un hecho sorpresivo y consumado. Este criterio se impuso. “¿Cómo podían creer ustedes, rusos y cubanos, que una operación de tal envergadura no iba a ser descubierta en su desarrollo por la vigilancia de las fuerzas armadas de Estados Unidos?”, preguntó Robert McNamara, en aquel entonces secretario de Defensa del presidente Kennedy, durante la Conferencia de La Habana de octubre de 2002. “¿Cómo imaginaban que Estados Unidos iba a responder a la instalación de los misiles en Cuba? ¿Para qué desplegaron armas tácticas nucleares, que según ustedes eran para disuadir de una invasión, si no sabíamos de su presencia en la isla y entonces no podían disuadir a nadie? ¿Cómo planeaban los soviéticos usar esas armas si hubiera habido una invasión?”
Desde julio de 1962 el gobierno de Estados Unidos había registrado un notable aumento del movimiento de barcos de carga entre la Unión Soviética y Cuba. Intensificó entonces la vigilancia aérea con los aviones U-2, que volaban a 20 000 metros de altura. El 16 de oct...
Índice
- Portada
- Portadilla
- Legal
- Presentación
- Cuba-Estados Unidos. El todo por el todo
- Cuba-Unión Soviética. El agravio
- Epílogo. “No desenfundes si no piensas tirar”
Preguntas frecuentes
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