La renta básica
en diez «manivelas»
del contrato social
¿Qué es la renta básica? Puede definirse recurriendo a tres de sus rasgos principales: (a) una asignación monetaria (b) concedida incondicionalmente (c) a toda la población. La amplitud que marcan estos dos últimos rasgos hacen que con frecuencia se añada «universal», que no utilizamos aquí simplemente por considerarlo redundante. Cada uno de estos tres rasgos admiten varias definiciones, pero podemos asumir un modelo sencillo para un país dado: transferir a todos los residentes legales X euros cada mes, sin exigir obligación alguna en el país, con una reducción para los menores de edad.
Es fundamental distinguir la renta básica de una renta mínima. Mientras la renta básica se concede de manera automática a toda la población (incluso a los ricos y a los que no buscan empleo), la mínima es una garantía de ingresos (complementa a quien no alcanza un cierto nivel) y suele ir aparejada a ciertas condiciones de actividad. La renta básica no se ha practicado aún en ningún país. Se ha intentado aproximar con algunos experimentos, pero existen ciertas dificultades metodológicas fundamentales para la experimentación en renta básica. Volveremos sobre la cuestión.
Es muy importante observar que aunque tanto la renta mínima como la básica permiten escapar de la pobreza —al nivel que se defina—, sin embargo la mínima genera una «trampa de pobreza», mientras que la básica la evita. Desarrollemos este concepto fundamental para nuestras consideraciones. La trampa de la pobreza surge cuando las personas en situación precaria observan que lo que ganarían por el trabajo al que pueden aspirar (con frecuencia penoso y mal remunerado) no superaría, o lo haría por muy poco, los ingresos que les proporciona la renta mínima, y permanecen pues en la inactividad o en la economía informal. A esta trampa contribuyen además otros factores, como la falta de apoyo para ocuparse de los hijos o la burocracia, que genera incertidumbre respecto a recuperar la prestación cuando se vuelva a tener derecho a ello por caer de nuevo bajo el umbral de ingresos mínimos.
La renta mínima genera pues inevitablemente una trampa de pobreza mientras que la básica, al no ser condicionada, la suprime de raíz. Cuestión distinta es si podría suponer un desincentivo al trabajo si se sitúa a niveles muy altos, pero el problema de la pobreza en sí quedaría aún más claramente superado. Se puede decir que la pobreza «aprieta» en el estómago mientras que la trampa de pobreza lo hace en el corazón y en la cabeza y se manifiesta en el miedo al futuro, en conformarse con lo malo conocido porque se tiene la sensación de que la red de seguridad es poco fiable y se puede caer aún más bajo. La trampa de la pobreza también refuerza la economía sumergida, con la pérdida de ingresos fiscales que supone y el estigma social y de autoestima que supone para quienes forman parte.
Para profundizar en la renta básica, expondre...