HOSPITAL PSIQUIÁTRICO DE ELMHURST, 14 DE MAYO DE 1969
Y la doctora Cooper no se cansa de perder al póquer, las pérdidas se acumulan, tiene suerte de que no sea dinero lo que apostáis, está demasiado dispersa para tener la menor oportunidad y es evidente que se figura que la partida de cartas propiciará que le des una breve conferencia sobre tu desgraciada infancia. Está obsesionada con las infancias y, además, parece carecer tanto de una táctica concreta como de instinto natural para competir.
VALERIE: ¿Quieres la revancha, doctora?
DOCTORA RUTH COOPER: Quiero que me cuentes algo más de tu infancia.
VALERIE: Mi infancia fue lo que me convirtió en un animal salvaje.
DOCTORA RUTH COOPER: ¿Y la relación con tu padre?
VALERIE: Y lo que me convirtió en un hacha en el póquer.
DOCTORA RUTH COOPER: ¿Y la relación con tu padre?
VALERIE: Yo no tengo padre.
DOCTORA RUTH COOPER: ¿Y la relación con tu madre?
VALERIE: Corríamos por el desierto detrás de nuestras cometas. Éramos jóvenes, salvajes y libres. Lo siento, doctora Cooper, pero tengo que cagarme en sus teorías. Dorothy era una bombilla y un destello.
DOCTORA RUTH COOPER: ¿Y tu infancia?
VALERIE: Yo iba contando las rosas de la tela de la hamaca. Soñaba con una máquina de escribir. Me oriné en el zumo de un niño malo.
DOCTORA RUTH COOPER: Han descrito tu infancia como un periodo sin amor y lleno de violencia. Tu forma de expresarte y de pensar está marcada por un fuerte sentimiento de abandono.
VALERIE: El potencial de la maternidad para cambiar la sociedad. Las madres son quienes han construido todo lo que tiene valor. Dorothy construyó una casa sin dinero. Durante quince años, me proporcionó alimento. Y la luz del sol, y sangre.
DOCTORA RUTH COOPER: Las posibilidades de amar están directamente relacionadas con la posibilidad que el niño tenga de despertar sentimientos de ternura en su madre.
VALERIE: Hey hey hey hey hey Cooper, ¿qué sabes tú del amor?
DOCTORA RUTH COOPER: Yo no soy la paciente.
VALERIE: Cosmogirl sigue desaparecida. Eso es lo único que sé.
DOCTORA RUTH COOPER: Y yo sé que tú estás desesperada.
VALERIE: ¿Por qué llevas siempre esas gafas tan feas?
DOCTORA RUTH COOPER: No veo bien. Soy miope. Y para trabajar tengo que ver bien a mis pacientes.
VALERIE: Quítate las gafas.
DOCTORA RUTH COOPER: Yo preferiría que volvieras a sentarte.
Te has subido encima de esa mesa reluciente y sexy que tiene la doctora Cooper (está terminantemente prohibido trepar por los muebles del personal del hospital) y le has arrebatado las gafas (está terminantemente prohibido tocar al personal del hospital). En las lentes hay vaho y perfiles desdibujados y esa carita desnuda de niño que tiene la doctora Ruth Cooper y la doctora Cooper, que manotea en un intento de recuperar las gafas. Sin la montura negra de persona inteligente no es nadie. La doctora Ruth Cooper ríe con su risa de océano Pacífico, de sal y algas y rosas marinas, no sirve para representar el papel de doctora Estricta.
DOCTORA RUTH COOPER: Dame las gafas.
VALERIE: ¿Te gustan las mujeres?
DOCTORA RUTH COOPER: No.
(Silencio).
DOCTORA RUTH COOPER: A ver, quiero decir que claro que me gustan las mujeres. Me gustan las mujeres. Me gustan los hombres. Me gusta todo tipo de personas. Pero las mujeres no me excitan sexualmente, si te refieres a eso.
VALERIE: Te pones muy guapa cuando mientes.
DOCTORA RUTH COOPER: No estoy mintiendo.
VALERIE: ¿Te gusto yo?
DOCTORA RUTH COOPER: Ya sabes que sí. Me gustas como paciente y como persona. Podrías ser mi hija.
VALERIE: Una pobre cría humana es lo que eres. Yo no quiero ser hija de nadie. Los hijos no existen.
DOCTORA RUTH COOPER: Si hubieras sido mi hija, no estarías aquí.
VALERIE: Estás muy guapa sin las gafas.
(La doctora Cooper se sonroja y hojea la historia clínica).
DOCTORA RUTH COOPER: El día del juicio se acerca a pasos agigantados.
VALERIE: Y tú quieres que hablemos de mi niñez.
DOCTORA RUTH COOPER: ¿De qué quieres hablar tú?
VALERIE (le devuelve las gafas): ¿Sabes por qué siempre pierdes?
(La doctora Ruth Cooper se ríe y se pone las gafas).
VALERIE: Porque yo prefiero tener suerte en el juego y tú en el amor. La idea del amor romántico no es más que un modo de mantener a la mitad de la población atrapada en jardines de las afueras de la ciudad. Una manera devastadoramente simple de inculcar en personas inteligentes la idea de que los paños de cocina son más importantes que la literatura.
DOCTORA RUTH COOPER: Yo no sé nada sobre el amor.
VALERIE: Bueno, doctora Cooper. Entonces te propongo que echemos o...