El regreso de Reginald Perrin
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El regreso de Reginald Perrin

  1. 384 páginas
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  4. Disponible en iOS y Android
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El regreso de Reginald Perrin

Descripción del libro

Reggie Perrin es un hombre gris, de mediana edad, que lleva una vida si cabe más gris. Hasta que un día decide simular su propio suicidio y comenzar de nuevo como una persona diferente. "El regreso de Reginald Perrin" retoma el espíritu de la hilarante y agridulce "Caída y auge de Reginald Perrin", y nos ofrece las nuevas aventuras de uno de los antihéroes más inolvidables de la literatura británica reciente. Tras diversas tribulaciones, incluida la temporada en que nuestro protagonista se ve obligado a cuidar gorrinos en una granja, Reggie abrirá una tienda, "Basura", en la que todo lo que se vende es completa y absolutamente inútil. Para su sorpresa, el proyecto se convierte en un éxito apabullante. Cuando Reggie decide destruir el monstruo que ha creado, se da cuenta de que hay criaturas difícilmente eliminables. Un canto a la condición suburbana y a la miseria del hombre moderno; una "comedia trágica" plasmada con un ácido humor a prueba de bombas.

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Información

Año
2014
ISBN del libro electrónico
9788415979241
Edición
1
Categoría
Literatura

Libro segundo



Capítulo 14

Es que no puedo evitar seguir preocupándome por él —le dijo Elizabeth.
—Ya lo sé —respondió Reggie, que la abrazó y apretó suavemente el cuerpo contra el de su mujer.
Se cumplían ya dos años del secuestro de Mark. Había habido un silencio prolongado que solo se había visto interrumpido por una carta en la que afirmaba estar libre y feliz, pero que no podía volver porque tenía trabajo importante que hacer. Si bien la carta estaba escrita con la letra de Mark, no contenía ni juegos de palabras, paréntesis, signos de exclamación, faltas de ortografía ni ningún otro rasgo de su personalidad.
De eso hacía ya once meses, y desde entonces no habían sabido ni una palabra más de él.
—Pronto tendremos noticias, ya verás —la animó Reggie—. Lo noto en los huesos.
Era una mañana luminosa de finales de noviembre y la primera helada del invierno había recubierto el jardín con un fino velo de encaje.
—Maletín —le dijo Elizabeth tendiéndole el maletín de cuero negro, con sus iniciales grabadas en dorado: «R. I. P.».
—Gracias, cariño.
—Paraguas —le dijo tendiéndole un ingenioso artilugio nuevo que respondía perfectamente a la descripción.
—Gracias, cariño.
Elizabeth le vio alejarse por el camino del jardín, entre los rosales, que ese otoño habían sido víctima de una poda despiadada por parte de su marido.
El señor Milford estaba subiéndose al Ford Granada que le había puesto la empresa.
—Buenas, Reggie —le saludó con voz cantarina, emitiendo con su aliento una nube de vaho en el aire penetrante—. ¿Os viene bien venir el sábado a cenar a casa? Así podríais conocer a los Shorthouse.
—Qué lástima, Dennis. Suena de lo más tentador, nos encantaría conocer a los Shorthouse, pero ya hemos quedado.
—Es normal. Tenía que haberte avisado con más tiempo.
La cita de Reggie para el sábado consistía en darse un baño y ver el Partido del Día en pijama.
Recorrió Coleridge Close, dobló a la derecha por Tennyson Avenue y luego a la izquierda por Wordsworth Drive, y atajó por el pasaje arbolado que desembocaba en la calle de la estación. En todas las vías de acceso a la Urbanización de los Poetas había vallas blancas para impedir el paso a todo tráfico vulgar e innecesario.
Esperó en su puesto habitual en el andén, delante de la puerta con el cartel de «Teléfono de Emergencia».
Varias personas le saludaron efusivamente.
En el andén de enfrente una valla publicitaria daba testimonio de su éxito con sencillez y eficacia a partes iguales:
«Basura: tiendas por todo el norte y el sur de Londres».
El de las 8.46 llegó a Waterloo con veintidós minutos de retraso. Por megafonía anunciaron que se debía al hielo negro acumulado a la altura de Norbiton.
Reggie se encaminó hacia el sur por Waterloo Road. Una caminata de diez minutos a paso ligero por calles grises y poco agraciadas le condujo hasta la sede de la empresa.
Encaminó sus pasos hacia la gran caja de cristal y cemento sin una pizca de personalidad. Sobre la entrada principal unas letras grandes anunciaban a bombo y platillo: «Productos errin».
Hizo ademán de abrir la puerta, olvidándose una vez más de que, en cuanto se acercaba, las hojas se deslizaban ellas solas sigilosamente para dejarle paso.
Sonrió en respuesta al alegre y respetuoso «Buenos días, señor Perrin» de la recepcionista y subió en ascensor a la segunda planta.
Su secretaria ya había llegado y estaba en su puesto a la entrada del despacho. Se llamaba señorita Erith y no era ni guapa ni fea; tenía una silueta perfecta pero poco atractiva, y no era ni joven ni vieja.
Reggie se moría de ganas de decirle: «Veintidós minutos de retraso: hielo negro en Norbiton». Pero nada en la personalidad de la secretaria alentaba semejante intimidad.
Entró en su sanctasanctórum y lanzó el paraguas a la percha de pie. Falló por un palmo y medio.
Tenía tres teléfonos en su mesa y un macetero al otro lado de la ventana; en los meses de verano aquello había supuesto un estallido de color.
Cogió el auricular del teléfono rojo.
—Póngame con el señor Bulstrode, por favor, señorita Erith.
Colgó el teléfono y consultó su agenda.
Diez y media. David Harris-Jones.
Once y media. Reunión de planificación (sala de conferencias 2).
Sonrió. De cara a la galería, su vida podía parecer muy similar a la que llevaba en sus tiempos en Postres Lucisol, a poco más de kilómetro y medio de distancia. Pero había una diferencia sustancial: ahora él era el jefe, y todo aquello era suyo.
Sonó el teléfono verde.
—El señor Bulstrode por el verde —le dijo la señorita Erith.
Ya sabía que el señor Bulstrode estaba en el verde. ¿Acaso no había visto que acababa de coger el teléfono verde?
Ojalá tuviese a Joan de secretaria.
—Hola, Bulstrode. Quería informarle de que falta una «P» en el letrero de la entrada.
—No se preocupe. Dentro de una hora tiene usted la «P» puesta.
Reggie se echó a reír. El personal se había acostu...

Índice

  1. El regreso de Reginald Perrin
  2. Libro primero
  3. Libro segundo
  4. Postafacio
  5. Notas
  6. Créditos
  7. Índice

Preguntas frecuentes

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