CARLOS GUIDO Y SPANO.
Cuando un astro de primera magnitud derrama sus fulgores, cuando la armonía de las notas musicales ó el perfume de una flor hieren nuestra sensibilidad artística, no nos detenemos á examinar el astro, la nota, la flor, con el procedimiento astronómico, ni filosófico ni anatómico, nos entregamos á la contemplación de la belleza, nos absorbe el sentimiento.
Esto mismo, por correlación sugestiva, me pasa con el poeta perfilando al cual no quiero entrar en aquella nomenclatura biográfica de edad, árbol genealógico y procederes.
La sola enunciación del nombre de Carlos Guido y Spano, equivale á evocar la poesía y la nobleza, que entre ambas está sumergida el alma de quien constituye una de las más puras y legítimas glorias de la Nación Argentina, y es orgullo, también, de la América; porque el renombre del señor Guido y Spano, es continental.
El ilustre escritor ha sido exhibido y juzgado como poeta, pero sus jueces y sus críticos han pasado de largo ante la magna labor de diarista, diplomático y polemista en rica y galana prosa. Atraídos por la melodía de esa lira de marfil, sugestionados por el colorido de las flores que derrama, cual émulo de la diosa Primavera, han dejado á un lado la obra labrada con rica plata y oro sin ligaduras entre cuyos afiligranados brillan la noble y santa verdad y el patriotismo austero. Sus dos gruesos volúmenes titulados Ráfagas, que suman ochocientas cuarenta y ocho páginas en cuarto mayor, guardan tan valiosa orfebrería.
El primer tomo de Ráfagas encierra á guisa de prólogo, una carta auto-biográfica de la más encantadora sencillez, modelo de literatura epistolar, modelo de imágenes netamente gauchescas, modelo, en fin, del prejuicio que arranca al hombre honrado aquel ego sum que confundía á los escolásticos enmarañados en el alter ego y el distingo.
Los asuntos de interés literario y artístico, los de diplomacia americana y brasileño-argentina; las palpitaciones del mundo bajo la corriente de maravillosos acontecimientos, como el de la abolición de la esclavatura en el Brasil; todo ha pasado por el tamiz del razonamiento y la exposición bajo la gallarda pluma de Gruido y Spano.
El nombre del brigadier general don Tomás Gruido, padre de nuestro venerado amigo, figuraba en La Revista del Río de la Plata, de manera depresiva á sus antecedentes y merecimientos, como que fué el segundo del General San Martín, y entonces vemos al poeta, al escritor de costumbres y narrador de bellezas literarias, colgando su lira de marfil, dejando en descanso su pluma de oro, para enristrar la de acero entre cuyas puntas iba á pulverizarse la mala fé del historiador centellando la gloria inmarcesible que la justicia, el derecho y la gratitud han discernido al general don Tomás Guido, nombrado gobernador de los sitiados castillos del Callao, cuando aquellos se rindieron.
Todos los documentos auténticos que contiene esta notable defensa de uno de nuestros próceres de la independencia, son de naturaleza tal, que el historiador encontrará en ellos una fuente riquísima de información sobre puntos aún no dilucidados.
Y bien.
Triunfador el padre; triunfante el hijo, las páginas del segundo tomo de Ráfagas constituyen una doble enseñanza en el rol social y en el histórico.
Si eso es Carlos Guido y Spano como periodista y polemista, como poeta, ah! como poeta, sabe interpretar las sonrisas de todas las rosas, el suspiro de los cipreses y las cuitas de los tomillos; él entiende los ayes del pampero, respondón de los huracanes; y sabe cómo la luna resbala melancólica sobre el musgo del pago, reflejándose por igual, en la frente del gaucho que acepta el mate, y la adorada que le escancia.
Si ha interpretado en el poema de las notas el amor dichoso del cual Víctor Hugo dijo: «Juventud, dichosa juventud, amad; no hay más dicha que el amor»; Guido y Spano ha probado que aún hay dicha en llorar el amor pasado: El amor de los ausentes, el amor á los muertos. . .
Si pudiésemos transcribir aquí todas las páginas de Ecos Lejanos, saldríamos airosas.
Hay algo más.
Preciso es oir esas poesías declamadas por el mismo autor. No olvidaremos nunca, la primera vez que, junto á su lecho de enfermo mimado, contemplándolo como á un dios mitológico, con su camiseta roja, contrastando con la albura de su cabellera y la orla de sus sábanas, le oímos aquella sublime evocación titulada Lágrima, en la cual, una nota hirió hondamente el alma en cuyo santuario está el nombre del hermano idolatrado: Daniel. Asítambién se llamaba el hijo del vate, y las estrofas son éstas:
lágrima.
Á DANIEL.
Como en una urna sellada
Tu memoria en mi pecho está grabada
¡Oh mi Daniel. . . ¡mi hijo!. . .
Mi corderito blanco idolatrado . . .
Aguárdame, allá voy; el plazo es fijo
Más que nunca amoroso,
Pronto, ya casi el viaje terminado,
En la mansión del eternal reposo
Me tendrás á tu lado.
Después, ese hombre superior que bajo su cabellera de nieve esconde todo el fuego de los volcanes, de la amistad, del patriotismo, del ardimiento inmortal, nos recitó Musgo para incitarnos á la esperanza y nos habló de nuestra patria, de ese Perú que le es querido, en cuyas playas actuó su ilustre padre.
Poeta no es solamente el que con la donosura de la frase ó la placidez del pensamiento ofrece modelados al arte; poeta es el que ha sabido penetrar al corazón del pueblo y en él palpita por el sentimiento. Tal ocurre con el cantor de Nenia, á quien el pueblo ha sentido y el pueblo ama.
Es de verse la casa de Guido y Spano en los días en que celebra su onomástico. Es el verdadero jubileo que los creyentes de todas las categorías sociales hacen al templo del saber y de la virtud, y allá, junto al lecho donde sufre la materia mientras el espíritu vive lozano con todas las energías de los veinte años, allá van, decimos, desde el Presidente de la República hasta el más humilde jornalero, hombres y mujeres, á ofrecer sus votos de ventura á Carlos Guido y Spano, cuya linda frente no se ha rendido al peso de los laureles conquistados, á pedir á la Providencia que la muerte no eclipse ese astro rey, cuya luz irradia en la América del habla castellana.
¡Dios mío, que no se rompa la lira de dulces vibraciones!
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