![]()
LA MANIPULACIÓN DE LA IDENTIDAD
En la famosa película El caso Bourne (o Identidad desconocida), Jason Bourne es rescatado por un barco pesquero cerca de Marsella. Además de encontrarse a la deriva y con unos cuantos balazos en el cuerpo, el señor Bourne tiene un serio problema: no recuerda quién es. En el resto de esta película (y la serie) de acción y aventuras, el protagonista se la pasa tratando de descubrir quién es y por qué lo quieren matar.
Es una gran película. Apela a un tema existencial: ¿quiénes somos y cómo es que el trabajo que realizamos impacta nuestra experiencia de vida? También muestra la tremenda necesidad que tenemos los seres humanos de definirnos en el contexto de nuestra historia y nuestras experiencias.
Por otro lado, en el mundo más allá de Hollywood, vive Theresa Robinson,1 una joven de veintitrés años que reside en las afueras de Londres. Mientras las torres gemelas de Nueva York eran atacadas en septiembre de 2001, su vida también se le caía en pedazos. Afectada por una rara enfermedad (meningoencefalitis), Theresa entró primero en un estado de shock y, luego, en una situación de coma de la cual los doctores no esperaban que saliera viva.
Todo cambió cuando un par de semanas después, de pronto recobró el conocimiento. En ese momento, Theresa se dio cuenta de que no solo había perdido su salud, sino que también había perdido una buena parte de su memoria.
Perdió, por ejemplo, la memoria de sus estudios de abogacía, la capacidad de reconocer amigos e, incluso, el recuerdo de haberse enamorado y casado con un joven llamado Matt. La crisis que generó el proceso de recuperación eventualmente la llevó a perder muchos de sus amigos, y a la ruptura de su matrimonio.
Quiénes somos y cómo nos vemos son una parte esencial de nuestra existencia. Nuestra identidad personal determina cómo pensamos, cómo pensamos determina cómo tomamos decisiones, y las decisiones que tomamos nos llevan por el camino del éxito o del fracaso en la vida. Ya sea que seamos súper agentes del gobierno norteamericano o amas de casa en una pequeña ciudad europea.
A.W. Tozer (1897–1963)
Uno de mis teólogos favoritos en la vida se llamaba Aiden Wilson Tozer. Es uno de esos escritores que cuando uno los lee, los tiene que leer y releer, por la profundidad de sus pensamientos.
Cuando tenía como veintitrés años alguien puso en mis manos un librito escrito por Tozer que se llama: The Knowledge of the Holy (El conocimiento del Dios Santo). No tenía más que unas ochenta páginas. Cuando lo vi pensé que no me tardaría más que una tarde de sábado para terminarlo, a lo sumo todo un día.
Siete semanas después, todavía estaba leyendo a Tozer y no podía terminarlo…
Tozer comienza The Knowledge of the Holy diciendo: «Lo primero que viene a tu mente cuando piensas en Dios es lo más importante que piensas sobre ti mismo».2
Léelo nuevamente. ¿No es cierto que Tozer es profundo? Medita… Tómate tiempo para pensar.
Lo que Tozer quiere decir es que la imagen mental que tenemos de Dios determina nuestra propia identidad. Quién es Dios para mí determina quién soy yo, y eso tiene un profundo impacto en la forma en que manejo mi vida: desde la forma en la que elijo una esposa hasta la forma en la que tomo decisiones económicas (como elegir la carrera que voy a seguir, la universidad en la que voy a estudiar y hasta el auto que me voy a comprar).
Por ejemplo:
| | | |
Si Dios es… | Creador | Yo soy… | Criatura. Hecho a su semejanza. |
Si Dios es… | Padre | Yo soy… | Hijo. Heredero. La niña de sus ojos. |
Si Dios es… | Rey del reino celestial | Yo soy… | Ciudadano del cielo. Embajador del reino. |
Si Dios es… | Señor | Yo soy… | Esclavo. Sirviente. Siervo de mi Amo… |
…pero si Dios es un supermercado o el Seguro Social… ¿quién soy yo?… Soy un consumidor, un cliente que debe ser satisfecho.
Pensamos:
° Dios existe para servirme a mí.
° Dios existe para salvarme a mí.
° Dios existe para amarme a mí.
° Dios existe para perdonarme a mí.
° Dios existe para darme a mí todo lo que le pido…
…y si no me lo da, ¡me enojo!
Tenemos una imagen distorsionada de quién es Dios. El centro de mi relación entre Dios y yo… ¡soy yo!
Nos ha llegado la sociedad de consumo y ahora hemos aprendido a consumir a Dios. Lo percibimos como un «proveedor de servicios». Es por eso que cuando Dios no nos da las cosas que le pedimos, nos ofendemos. Porque pensamos que él existe para satisfacer nuestros deseos. ¡Nada más lejos de la realidad!
Sin embargo, el profeta Isaías, en el capítulo 43, verso 7 dice que todos los que hemos sido llamados por Dios, hemos sido creados para la gloria de su nombre.
La verdad es qu...